lunes, 26 de diciembre de 2016

La Asociación por la Memoria Histórica lleva el discurso del Rey ante el Defensor del Pueblo

MADRID.- La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ha presentado una queja ante la Oficina del Defensor del Pueblo por algunas de las afirmaciones realizadas por el Rey en su discurso al considerarlas contrarias al derecho de las familias de los 114.226 desaparecidos.

En un comunicado, la asociación se ha referido al fragmento en el que el Rey , en el tradicional discurso de Navidad, dijo: “son tiempos para profundizar en una España de brazos abiertos y manos tendidas, donde nadie agite viejos rencores o abra heridas cerradas”. 
Sobre ello, la Asociación considera que se trata de una “declaración política contraria a los derechos de las víctimas del franquismo” y que han sido expresadas “con un carácter político que no le corresponde un jefe del Estado no electo y que tiene el deber de representar a toda la sociedad”.
En la nota, incide en la necesidad de “corregir la doble moral de las instituciones” con la que se “protege y garantiza” los derechos de las víctimas del terrorismo, pero no el los afectados por el franquismo, a quienes se les las acusa de “agitar viejos rencores” y de abrir “heridas cerradas” cuando se refirieren “a sus legítimas reclamaciones” y derechos como reconocen organismos humanitarios internacionales. 
“Solicitamos a la Defensora del Pueblo que intervenga para señalar los límites de interpretación política del monarca y que en ningún caso sus intervenciones puedan contradecir la protección de los derechos humanos”, sostiene la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

La audiencia del mensaje del Rey registra su mínimo histórico

MADRID.- El tercer mensaje navideño del Rey registró una audiencia media de 5.822.000 espectadores y un 57,6% de cuota de pantalla en el conjunto del total de cadenas que lo emitieron en directo, lo que supone el peor registro de los últimos 18 años, según un estudio de Barlovento Comunicación con datos de Kantar Media. Con relación a 2015, este resultado supone un descenso de 844.000 espectadores y 7,5 puntos de cuota de pantalla.

Según los datos facilitados por Barlovento, desde 1998 el discurso que ha acumulado una audiencia mayor fue el del año 2000, cuando el mensaje de don Juan Carlos fue visto por 9.140.000 espectadores (87,2% de cuota de pantalla), mientras que este año ha sido el de menor audiencia.
El primer discurso de Felipe VI en 2014 consiguió 8,2 millones de espectadores, y un 73,4% de cuota de pantalla. El año anterior, el discurso de su padre el rey don Juan Carlos se había convertido en el menos visto desde que se miden las audiencias, con un 60,4% de cuota de pantalla y 6.580.000 espectadores.
Sin embargo, el de este año ha registrado peores resultados, con 5.820.000 espectadores y 57,6% de cuota de pantalla, lo que le convierte en el menos visto desde que se miden las audiencias. En esta bajada progresiva de espectadores influye el hecho de que el número de cadenas que emiten el mensaje también ha caído durante los últimos años. En concreto, mientras en 2010 el discurso era emitido por 33 cadenas, en 2015 bajó hasta 23 y este año fueron 25.
De las 25 cadenas nacionales y autonómicas que emitieron el discurso de Felipe VI este 2016, la que congregó una mayor audiencia media fue La 1 (1.937.000 televidentes y 19,2% de cuota), seguida por Telecinco (1.107.000 y 11,0%) y Antena 3 (1.063.000 y 10,5%).
La autonómica de Cataluña TV3 no emitió este año el mensaje (en 2015: 240.000 espectadores de audiencia media y 3,6% de cuota en la representación del conjunto total) y sí lo hicieron Cuatro, CYL7 y Real Madrid HD.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Felipe VI ha defendido la unidad del país en su tercer mensaje de Navidad a todos los españoles


MADRID.- En su tercer mensaje de Navidad desde que fue proclamado Rey, Felipe VI ha defendido la unidad del país, el respeto a la ley y la voluntad de profundizar en una España de "brazos abiertos y manos tendidas", al tiempo que ha hecho un llamamiento a los partidos a alcanzar consensos básicos desde el diálogo.

Éste es el texto íntegro del mensaje:

"Buenas noches.

En estas horas de la Navidad quiero desearos, junto a la Reina y nuestras hijas Leonor y Sofía, unas felices fiestas y nuestra esperanza de que el 2017 sea un año mejor para todos. Y en una noche como la de hoy, a tantas familias que han sufrido las recientes inundaciones en nuestro país, quiero decirles especialmente que las tenemos muy presentes.

Navidad es nacimiento, y celebrar con alegría lo que nace es tener fe en el futuro. Es en momentos como estos, cuando los sentimientos personales y colectivos de afecto, de amistad y de fraternidad, creados a través de nuestra convivencia, nos recuerdan el gran patrimonio común que compartimos. Un patrimonio que merece el cuidado de todos y que todos debemos ayudar a proteger como lo mejor que tenemos y somos; como lo mejor de lo que nos une.

Como es tradición, permitidme esta noche que comparta con vosotros algunas reflexiones sobre nuestro presente y sobre nuestro futuro, procurando extraer de todo lo que hemos vivido, especialmente durante este 2016, aquello que mejor nos ayude a seguir adelante.

Siempre se ha dicho que los momentos más difíciles de la vida son las mejores oportunidades para descubrir nuestra fuerza interior, para comprobar nuestro carácter, nuestra verdadera dimensión. A lo largo de este año he estado en diferentes lugares de nuestra geografía nacional. Y tengo que deciros que, en todo ese recorrido por nuestros pueblos y ciudades he visto dificultades y problemas para muchos de nuestros compatriotas; pero también trabajo duro, honesto, sacrificado; mucha capacidad y talento; y, sobre todo, determinación, ganas de salir adelante.

He comprobado, una vez más, el valor que tiene en nuestra sociedad la familia, porque su ayuda ha permitido a muchos sobrellevar los peores momentos.

He conocido a trabajadores y profesionales, hombres y mujeres que, con su esfuerzo sereno, durante estos largos y difíciles años, sin desfallecer ni resignarse, sostienen con gran dignidad y coraje a sus familias, sus vidas y sus trabajos.

He visto, también, en muchos compatriotas la decisión de asumir riesgos para crear o defender puestos de trabajo, y el valor para levantarse y reemprender la tarea después de haber visto destruidas obras hechas con ilusión y gran sacrificio.

Podría dar, además, innumerables ejemplos de solidaridad. Muchos de vosotros entregáis con generosidad vuestro saber, vuestro tiempo y esfuerzo, y sobre todo vuestro corazón, para ayudar a los demás; sois capaces de reaccionar ante cualquier emergencia, probando siempre que, allá donde haga falta, allá donde se necesite una palabra de aliento o una mano amiga, hay un español que demuestra con obras la grandeza y el alma más profunda de nuestra tierra.

Como también he sido, y soy continuamente, testigo de la labor de tantos servidores públicos que, con una extraordinaria vocación de servicio a la comunidad, garantizan nuestras libertades, atienden nuestros hospitales o educan a nuestros hijos; muchos compatriotas que, dentro y fuera de España, velan por nuestra seguridad, defienden nuestros valores y contribuyen al avance de la ciencia y al enriquecimiento de la cultura. Todos ellos son la imagen de nuestro país y también hacen posible que nuestro Estado funcione y que podamos celebrar un día como hoy.

Todo esto para mí y para todos nosotros, es un motivo para sentirnos auténticamente orgullosos; y también es una razón para la esperanza, porque una sociedad que mantenga estas actitudes, estas convicciones y estos valores no puede tenerle miedo al futuro. Estoy seguro de que nuestra memoria colectiva reservará un lugar de honor en la historia para estos tiempos de sacrificio y abnegación; pero también de generosidad y superación.

Pero tenemos que seguir mirando hacia adelante construyendo nuestro país, construyendo también Europa. Tenemos que esforzarnos, paso a paso, día a día y con espíritu positivo, para que la prosperidad y el bienestar sean la base de una convivencia ilusionada. Y por eso hay varios asuntos a los que, concretamente, quiero referirme esta noche:

Es cierto que la crisis ha impuesto grandes sacrificios. Hoy, sin embargo, vivimos con la esperanza de la recuperación que ya hemos iniciado. Todos deseamos que esa recuperación se consolide, que nos permita además crear mucho más empleo y de calidad, y también corregir tanto las desigualdades derivadas de una crisis tan profunda como la que hemos vivido, como fortalecer, en general, nuestra cohesión social, que es una garantía para asegurar la estabilidad y el equilibrio de nuestra sociedad.

En ese sentido, es muy importante para todos que muchas familias puedan recuperar su nivel de vida y que nuestros jóvenes puedan tener oportunidades de futuro, de ilusión, de confianza; que sobre todo las personas más desfavorecidas o más vulnerables tengan la certeza de que no se quedarán en la soledad del camino que España tiene que recorrer en el siglo XXI.

Por otra parte, hemos superado una compleja situación política que conocéis bien. Es importante ahora que en nuestra sociedad se haya recuperado serenidad y que los ciudadanos puedan tener la tranquilidad necesaria para poder llevar a cabo sus proyectos de vida. Como igualmente es esencial, de cara al futuro, que el diálogo y el entendimiento entre los grupos políticos permita preservar e impulsar los consensos básicos para el mejor funcionamiento de nuestra sociedad.

Y me gustaría insistir esta noche también en la necesidad de que cuidemos y mejoremos en todo momento nuestra convivencia. Y la convivencia exige siempre, y ante todo, respeto. Respeto y consideración a los demás, a los mayores, entre hombres y mujeres, en los colegios, en el ámbito laboral; respeto al entorno natural que compartimos y que nos sustenta. Respeto y consideración también a las ideas distintas a las nuestras. La intolerancia y la exclusión, la negación del otro o el desprecio al valor de la opinión ajena, no pueden caber en la España de hoy.

Como tampoco son admisibles ni actitudes ni comportamientos que ignoren o desprecien los derechos que tienen y que comparten todos los españoles para la organización de la vida en común. Vulnerar las normas que garantizan nuestra democracia y libertad solo lleva, primero, a tensiones y enfrentamientos estériles que no resuelven nada y, luego, al empobrecimiento moral y material de la sociedad.

Porque el progreso, la modernización, el bienestar, requieren siempre de una convivencia democrática basada en el respeto a la Ley, en una voluntad decidida y leal de construir y no de destruir, de engrandecer y no de empequeñecer, de fortalecer y no de debilitar.

Porque ahora es el momento de pensar en la España que queremos para las próximas décadas, que será la de nuestros jóvenes de hoy, y de forjarla con solidez. Y para ello, debemos concentrar nuestras energías en mirar hacia el mundo que nos rodea, y darnos cuenta cabalmente de por dónde va.

Un mundo muy incierto, con grandes desafíos políticos, sociales o en materia de desarrollo y seguridad, por ejemplo. Pero entre ellos, hoy quiero detenerme en los avances de la tecnología que, a escala global, condicionan cada día más nuestras vidas cotidianas.

Vivimos una nueva realidad que ha cambiado la forma de comunicarnos y relacionarnos entre nosotros; de recibir información necesaria para formar nuestra opinión y tomar decisiones; que se ha introducido en nuestras empresas, en nuestras fábricas y en nuestras industrias, transformando los procesos productivos y los empleos, tal y como los conocíamos. Incluso está transformando nuestros colegios, universidades y centros de formación. Nunca antes en la historia de la Humanidad y en un espacio de tiempo tan corto, se habían producido cambios tan grandes.

Hoy sabemos que no se trata ya solo de una revolución tecnológica: es algo mucho más profundo. Es un nuevo modelo del mundo que traspasa fronteras, sociedades, generaciones y creencias.

En este contexto es evidente que debemos adaptarnos a esa nueva realidad imparable y desarrollar al máximo nuestras habilidades para actuar con éxito en la ciencia, en la economía o en la cultura, también en la industria y en la seguridad; pero preservando siempre los valores humanos que nos identifican y nos definen. No debemos esperar a que esa nueva realidad se imponga sobre nosotros; tengamos en cambio, la fuerza y el empuje suficientes como país para anticiparnos y asumir el protagonismo necesario en la nueva era que se abre ante nosotros.

Y en esa tarea la educación es -y será sin duda- la clave esencial. Una educación que asegure y actualice permanentemente nuestros conocimientos; pero que también forme en lenguas y en cultura; en civismo y en valores; que prepare a nuestros jóvenes para ser ciudadanos de este nuevo mundo más libres y más capaces y que sepan aprovechar la experiencia de nuestros mayores. Una educación que fomente la investigación, impulse la innovación, promueva la creatividad y el espíritu emprendedor como rasgos y exigencias de la sociedad del futuro, que es ya la sociedad de nuestros días.

No quisiera ocupar durante más tiempo vuestra atención en una noche que debe ser de celebración familiar; aunque no quiero terminar sin deciros que creo sinceramente en una España consciente, solidaria, firme en sus valores, alejada del pesimismo, de la desilusión o el desencanto; creo en una España decidida a superar las dificultades que, aunque grandes, son también vencibles.

Y no tengo duda de que seremos capaces de superarlas si entendemos que ya no vivimos tiempos para encerrarnos en nosotros mismos, sino para abrirnos al mundo; si tenemos claro que no lo son tampoco para fracturas, para divisiones internas, sino para poner el acento en aquello que nos une, construyendo sobre nuestra diversidad; son tiempos para profundizar en una España de brazos abiertos y manos tendidas, donde nadie agite viejos rencores o abra heridas cerradas. Tiempos, en fin, en los que tenemos motivos y razones más que poderosas para la unión, para trabajar todos juntos, desde cualquier lugar de nuestro gran país, con ilusión, con ideales y con proyectos para la mejor España.

Así lo siento y así lo creo. Y con esa profunda convicción os deseo, en esta noche a todos y a cada uno de vosotros y a vuestras familias, una muy feliz Navidad. Eguberri on / Bon Nadal / Boas festas. Buenas noches. Y Feliz y próspero 2017".

jueves, 1 de diciembre de 2016

El Rey trata con Juncker la contribución de España a la construcción europea


MADRID.- Felipe VI ha recibido hoy en el Palacio de la Zarzuela, por segunda vez en su reinado, al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, que visita Madrid para conocer al nuevo Gobierno y con quien ha tenido ocasión de abordar la contribución de España al proceso de construcción de la UE.

A la reunión ha asistido el nuevo ministro de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis, que en la anterior visita a la Zarzuela de Juncker, en marzo del año pasado, le acompañó en calidad de embajador de España ante la UE y a quien el presidente de la Comisión Europea ha saludado esta mañana en el Salón de Audiencias con una efusiva palmada en la espalda.
El jefe de gabinete de Juncker, Martin Selmayr, y la jefa adjunta Clara Martínez Alberola acompañaban al presidente de la Comisión Europea, que ha estrechado cordialmente la mano del Rey y ha intercambiado sonriente unas primeras palabras con don Felipe en tono distendido, mientras ambos posaban para las cámaras, antes de pasar al despacho oficial del monarca para celebrar allí la reunión.
En esta primera visita a España tras la formación del nuevo Gobierno, Juncker acudirá al Palacio de la Moncloa para entrevistarse con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y se reunirá más tarde con la presidenta del Congreso de los Diputados.
Esta misma semana, la Comisión Europea ha defendido que se doble hasta 500.000 millones de euros la capacidad del Fondo Europeo de Inversiones Estratégicas (EFSI), que es la principal herramienta del conocido como Plan Juncker y del que España es el cuarto mayor beneficiario, con 3.252 millones de euros recibidos hasta mediados de noviembre para infraestructuras y financiación de pymes.
Juncker viajó a Madrid por última vez a finales de octubre de 2015, cuando recibió el Premio Nueva Economía Fórum, en un acto presentado por Rajoy, siete meses después de la visita durante la que Felipe VI le recibió por primera vez como Rey en la Zarzuela.
Aquella audiencia tuvo lugar al día siguiente de la participación del presidente de la Comisión Europea en una cumbre sobre interconexiones energéticas junto a Rajoy, el presidente francés, François Hollande, y el entonces primer ministro portugués, Pedro Passos Coelho.
La primera reunión oficial de Felipe VI con Juncker se celebró en Bruselas el 15 de abril del año pasado, en el marco de una visita del nuevo monarca a las instituciones europeas en la capital belga.
Seis meses después, el 7 de octubre, volvieron a entrevistarse en Estrasburgo, después de que don Felipe tomara la palabra ante el pleno del Parlamento Europeo, reunido en sesión solemne para recibir aquel día al nuevo jefe de Estado español.

Felipe VI defiende la “hermandad ibérica” ante la Asamblea de Portugal


LISBOA.- "Cuanto mejor vaya Europa, mejor irán Portugal y España. Cuanto mejor marchen España y Portugal, mejor caminará Europa", proclamó este miércoles el Rey Felipe VI en un discurso pronunciado ante la Asamblea de la República portuguesa, donde apostó por la "concertación y hermandad ibérica" entre ambos países. 

En su discurso, una ocasión excepcional puesto que a lo largo de la historia sólo ocho jefes de Estado le han precedido en la tribuna del Parlamento luso, el monarca glosó todos aquellos aspectos en los que España y Portugal mantienen unas relaciones "sólidas" e "incomparables", como lo político, lo económico o lo cultural.
 Todos los diputados que asistieron al discurso del Rey aplaudieron el discurso del monarca español, salvo 17 parlamentarios comunistas y otros 19 del Bloque de Izquierdas.
Además de los 230 diputados portugueses, le escuchaba desde el palco de honor la Reina Letizia, con quien Felipe VI culmina este miércoles su primer viaje de Estado a Portugal, una visita que les ha llevado hasta Oporto, Guimaraes y, desde el martes, a Lisboa.
Su padre, el Rey Juan Carlos I, fue el primer jefe de Estado al que en 1989 se permitió dirigirse a la Asamblea en 80 años, y volvió a hacerlo en el año 2000. Por ello su hijo le recordó este miércoles en uno de los varios pasajes de su alocución leídos en portugués, al afirmar que como él volvía al hemiciclo “para reafirmar y renovar el mensaje de fraternidad entre los pueblos de Portugal y España”. Confesó además que había heredado de su padre su “amor” por la lengua portuguesa y su “interés fraterno” por la suerte de Portugal.
Tal y como manifestó el martes en la cena ofrecida a los Reyes de España por el primer ministro Antonio Costa, el compromiso con el proyecto europeo destaca como uno de los ejes de la relación entre ambos países, ya que, apuntó, “nuestro primer anhelo como españoles y portugueses es seguir siendo y construyendo vigorosamente Europa”. “Portugal y España mantenemos contactos permanentes para defender posiciones e intereses a menudo coincidentes respecto del cumplimiento de numerosas políticas comunitarias”, recordó también.
En la misma línea, el jefe del Estado español subrayó: “Nuestra concertación y hermandad ibérica nos sirven bien para adelantar nuestros respectivos intereses en el seno de la Unión y apoyarnos solidariamente en momentos de dificultad”. Entre estas “fortalezas mutuas” Felipe VI citó su participación en la OTAN -”Cuanto más libre y seguro sea el mundo, mejor irán España y Portugal”, manifestó-, así como su pertenencia a Naciones Unidas: “Cuanto más extendida y general sea la dignidad del ser humano, mejor nos irá a portugueses y españoles”, insistió.
También abordó la lucha contra el terrorismo, al remarcar el apoyo de los dos países a la coalición que combate al grupo Estado Islámico (EI), y explicó que “la tranquilidad de portugueses y españoles debe mucho al trabajo codo con codo de nuestras respectivas Fuerzas Armadas, Cuerpos de Seguridad y Servicios de Inteligencia en la lucha contra el terrorismo, la delincuencia y la inmigración irregular”.
No olvidó aludir al compromiso conjunto con Iberoamérica -”portugueses y españoles sabemos que cuanto más próspera sea Iberoamérica más próspera será nuestra común tierra ibérica”, apostilló- y consideró la semejanza entre sus dos idiomas como “una de las bases fundamentales de nuestra fuerza y singularidad”.
En el ámbito económico, además de recordar que los dos países han recuperado “la senda del crecimiento”, afirmó que España y Portugal quieren “convertir a la Península Ibérica en una alternativa rentable para el abastecimiento energético de Europa” con medidas como la creación del mercado ibérico del gas y la “dinamización” del mercado ibérico de la electricidad.
Cargado de emotividad y de palabras de afecto hacia el país que ha acogido a los Reyes de España durante tres días, Felipe VI, que había comenzado su discurso con agradecimientos en portugués, también lo concluyó en lengua portuguesa: “Quiero que sepan que como español, como Rey de España, mi corazón está con Portugal”.